
Hace más de tres décadas, el último día de 1989, Nair Mostafá dejó de ser sólo una nena de 9 años para convertirse en el caso policial más resonante de la historia de Tres Arroyos. Aquella tarde calurosa de domingo, en las 10 cuadras de distancia que había entre su casa y la pileta del club Huracán, la drogaron, la violaron y la ahorcaron con el cordón de la mochila que Papá Noel le había regalado una semana antes, en Navidad.
Mal investigado, el expediente por el crimen de Nair se hundió irremediablemente y se cerró en 2005, sin condenados. Se pudo saber cómo había muerto la víctima, pero nunca se probó la identidad del asesino, ni se conoció por qué la eligieron a ella ni cuál fue el móvil de semejante horror.“El caso quedó impune porque la corrupción policial de aquel entonces le vendió una hipótesis absurda a una justicia cómoda”, sostuvo en diálogo Miguel Ángel Asad, el abogado que representó a Liliana Fuentes, la mamá de Nair.
La mujer, que durante tanto tiempo le puso el cuerpo a la causa, finalmente se dejó vencer por la falta de Justicia, se fue del pueblo y se refugió en el silencio hasta volverse casi invisible. “La memoria es una saludable amnesia selectiva. Sin esa amnesia selectiva se nos tornaría imposible sobrevivir a la muerte de un hijo”, reflexionó su abogado.


