“Los humedales son ecosistemas vitales”

“Los humedales son ecosistemas vitales”

Formó parte de Pensar la Geografía, actividad que organiza el Instituto Nº167. Es autora, junto con Sofía Astelarra, del libro “Naturalezas neoliberales”. Investigó mucho sobre lo que denomina “el extractivismo urbano-inmobiliario” y los efectos de construcciones en “las planicies de inundación”

La profesora Patricia Pintos, de la Universidad Nacional de La Plata, participó del segundo encuentro de Pensar la Geografía, propuesta que organiza el profesorado de la mencionada disciplina del Instituto Superior de Formación Docente Nº167. Es la autora, junto con Sofía Astelarra, del libro “Naturalezas neoliberales”. 

El eje de Pensar la Geografía este año es “Desafíos en la formación docente a 40 años de la democracia”, con dos temas centrales: “La educación ambiental y la perspectiva de género”. Luego del encuentro, Patricia Pintos visitó La Voz del Pueblo. 

Sus investigaciones en los últimos años están relacionadas con el “extractivismo urbano-inmobiliario”. Señaló que “claramente tiene un componente ambiental, porque la naturaleza ingresa como parte de esa práctica extractivista”. 

Al describir las características de la actividad que desarrolló en el Instituto Nº 167 junto a otros profesores y estudiantes, dijo que “hicimos una presentación del tema y luego del libro ‘Naturalezas neoliberales’, que recorre un poco casos emblemáticos del extractivismo urbano-inmobiliario de diferentes partes de la Argentina”. 

Los humedales constituyen una parte importante del territorio nacional. En este sentido, explicó que “todavía no se ha hecho un inventario nacional, pero las estimaciones al momento dicen que aproximadamente un cuarto de la superficie del país está ocupada por humedales”. 

Patricia Pintos sostuvo que “las planicies de inundación de cada uno de los esteros, lagos, ríos, arroyos, forman parte de esos sistemas de humedales complejos y ricos que son tan valiosos para el desarrollo de la vida y para la calidad ambiental de las poblaciones que están en relación con ellos. Son ecosistemas vitales”. 

Pluralidad de voces 

Como parte de su labor profesional, es subdirectora del Centro de Investigaciones Geográficas. Considera necesario que los análisis de temas que inciden en la vida cotidiana no se circunscriban al ámbito académico, sino que se genere una interacción con la comunidad. 

Afirmó que “es un posicionamiento como investigadora. La construcción de conocimiento no se produce solamente en el gabinete y recorriendo el territorio con el equipo de investigación. Sí sucede en estos ámbitos, pero también se coproduce conocimiento con las comunidades que se ven afectadas o impactadas por las distintas formas de extractivismo. En particular yo estoy estudiando el extractivismo urbano-inmobiliario”. 

En esta línea de pensamiento, expresó que “hay un coproducción de conocimiento desde la academia hacia los territorios y desde los territorios que nutren a la academia”. 

Al respecto, puntualizó que “nos parece con Sofía, con quien coordinamos el libro, que es un poco una marca de identidad de nuestro trabajo. Escrito por académicos, pero también por actores de los territorios”. 

La profesora destacó que de este modo “hay una recuperación de una pluralidad de voces, que son las que lidian cotidianamente con estas situaciones. Comunidades que reciben los perjuicios de estar junto a un desarrollo urbanístico que incide en el agravamiento de las inundaciones”. 

Lo que sucede es que “el agua que no ingresa a esas urbanizaciones porque están protegidas por el muro perimetral, es el agua que afecta a los barrios que están en sus entornos. En general, se ven perjudicadas construcciones de tipo popular, sectores sociales más vulnerables. El perjuicio que genera esta forma de urbanismo sobre estos territorios es muy grave”. 

En el libro, las autoras alertan que “el extractivismo urbano no solamente se apropia de la naturaleza internalizándola como parte de la oferta hacia el público que va a ir a adquirir un terreno en esas urbanizaciones, sino que también produce una serie de perjuicios e impactos sobre los entornos”. 

La misma matriz 

Si bien entiende que se requiere la sanción de una ley de humedales, dejó en claro que “la legislación actual sería más que suficiente para no admitir este tipo de urbanizaciones. Pero una de las características del extractivismo es la consolidación de un urbanismo de tipo neoliberal. Más flexible, más permisivo, que hace la vista gorda al cumplimiento de las normas porque procura favorecer el desarrollo de las inversiones. Siempre con la idea de que recibir inversiones por sí es bueno”. 

En este marco, “se desatiende el cumplimiento de las normas, hay un desapego de los procedimientos administrativos para aprobar estas urbanizaciones”, dijo, tras lo cual subrayó: “Muchas veces se desarrollan antes de contar con las habilitaciones urbanísticas, hidráulicas, no poseen factibilidad ambiental y ya están vendidos los lotes. Es como que se favorece la flexibilidad del cumplimiento de las normas”. 

Puso de manifiesto que “es una característica que viene de los años ’90. Aún a pesar de haber transitado tiempos de gobiernos más progresistas, no ha cambiado. No se ha modificado la matriz”. 

Sobre la reiteración de estas prácticas, Patricia Pinto planteó que “el camino que estamos siguiendo es la destrucción de estos ecosistemas. Y los tenemos a préstamo, es un legado para nuestros hijos, nietos. Se generan condiciones que son de un uso asimétrico de la ciudad, para los distintos actores que viven cotidianamente”. 

Las instancias previas 

En Estados Unidos se registraron consecuencias directas por urbanizaciones mal ubicadas. Recordó que así ocurrió “luego del huracán Katrina (en el año 2005), en el territorio de Nueva Orleans. Hubieron relocalizaciones de urbanizaciones que estaban construidas sobre las planicies de inundación del río”. 

Sobre este punto, argumentó que “no es solamente el cauce. Las planicies que están junto al río u otro curso de agua de alguna manera son el lugar de alivio de las crecidas. Habitualmente el río no las ocupa, pero en una situación crítica sí las reclama. Ahí se ve el avance de las urbanizaciones sobre áreas que no poseen las condiciones para la localización humana”. 

Hizo una diferenciación, porque “en sociedades más avanzadas o desarrolladas como la de Estados Unidos es posible contar con recursos para relocalizar a las viviendas mal ubicadas y llevarlas a un sitio que reúna las condiciones apropiadas. En países como los nuestros es imposible, implica expropiación, compra de suelos en otros sitios”. 

Para Patricia Pintos, “en realidad el problema pasa porque no tendríamos que llegar a la instancia de pensar que una urbanización está mal localizada. Debiera sanearse a través de los procedimientos administrativos previos” y que no reciban una aprobación para avanzar con el proyecto. 

Estudió de manera especial el río Luján. “Hasta el año 2014 eran más de 10.000 hectáreas de urbanizaciones construidas sobre planicies de inundación”, precisó. Los efectos fueron notorios: “se trasladó el perjuicio de esas inundaciones desde la cuenca baja hasta la cuenca media. En la propia ciudad de Luján en el año 2014 y 2015 se inundó la cripta de la basílica, hecho que no había sucedido nunca en su historia”. 

El avance del agua en Luján tuvo lugar por la imposibilidad de un normal escurrimiento en la cuenca inferior. “No tenemos que llegar a la relocalización. Alcanza si se aplica la legislación adecuadamente y se ejercen los controles como corresponde”, concluyó.   

   

Perfil

Patricia Pintos es profesora y licenciada en Geografía (Universidad Nacional de La Plata), Máster en La ciudad: Políticas, Proyectos y Gestión (Universidad de Barcelona). Doctoranda en Geografía (Universidad Nacional de La Plata). 

Se desempeña como profesora titular en la carrera de grado en Geografía, en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. 

Ha ejercido la docencia y actualmente desarrolla esta tarea en posgrados de diversas universidades nacionales. Es directora de becarios y de tesis de posgrado. Está vinculada al Conicet. También ha sido nombrada subdirectora del Centro de Investigaciones Geográficas. 

Dictó conferencias en universidades de Argentina, España, Alemania, Polonia, Colombia y Chile. Escribió libros, así como numerosos artículos de revistas, compilaciones y publicaciones institucionales. En 2022 fue distinguida con el Premio Berta Cáceres, otorgado por la Red de Defensoras del ambiente y el buen vivir y la Cámara de Diputados de la Nación. 

La Convención de Ramsar y el pedido por una ley

La Convención sobre los Humedales, también conocida como Convención de Ramsar, se firmó en 1971 en la ciudad iraní de Ramsar. Argentina adhirió en 1992. 

“Hay una serie de sitios Ramsar en nuestro país, están protegidos por ese paraguas, pero no alcanza al conjunto de humedales. Por eso se necesitaría de una ley de protección y de uso racional de los humedales, que se viene negando”, dijo Patricia Pintos. 

Sobre este aspecto, sostuvo que “hay un reclamo de vastísimos sectores de la sociedad que entienden que estos son ecosistemas que hay que proteger, por muchísimas razones que hacen a la calidad ambiental y a la calidad de vida de las poblaciones”. 

Dijo que los ecosistemas “se ven vulnerados por todas las formas de extractivismo que existen: el agronegocio, la megaminería, el forestal y por supuesto, el extractivismo urbano. Grandes corporaciones entienden que la ley es un obstáculo para sus expectativas e intereses”. 

No obstante, señaló que se registraron avances en la idea de contar con una ley que los proteja, “no que prohíba. La ley en todo caso lo que viene es a establecer regulaciones para que los humedales sigan existiendo en el futuro. Las actividades se puedan hacer, pero en un marco de razonabilidad y sustentabilidad, que permita que sigan existiendo para el disfrute de las generaciones venideras”. 

Asimismo, mencionó “la revalorización semántica, que no es poco. Antes se les decía bajos inundables, pantanos, eran como el patio trasero de las ciudades y de los territorios. Se los ha colocado en otro nivel de consideración, como humedales que es lo que son, y con el valor que tienen desde el punto de vista ecosistémico. Ha sido un pequeño gran triunfo en los últimos diez años, período por el que ha atravesado el debate y la solicitud de una ley”.  

LVP

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