Orense cumple 111 años

Orense cumple 111 años

Uno de los vecinos más memoriosos de Orense compartió con La Voz del Pueblo parte de sus recuerdos y también anhelos para el futuro de la comunidad. José Keergaard destacó especialmente la solidaridad, unión y el respeto entre vecinos,

“Hijos del tren”

A sus 76 años José Keergaard es un testigo privilegiado de la historia de Orense, el pueblo donde nació y creció. Su padre fue el ex intendente y concejal radical Ángel Andrés Keergaard cuyo mandato se extendió entre 1963 y 1966, y fuera interrumpido por el golpe de Estado con el que Juan Carlos Onganía derrocó al ex Presidente de la Nación, Arturo Illia.

En una entrevista con La Voz del Pueblo recordó con nostalgia los años dorados de la localidad en la década del ’60, cuando la actividad económica y social estaba en pleno auge. Durante el gobierno de su padre la familia se trasladó por tres años a la ciudad cabecera y terminó el secundario en el antiguo Colegio Nacional de calle Chacabuco.

“Orense era un emporio en aquella época”, contó. Y recordó que “había mucha gente, mucha mano de obra por las cosechas. No es como ahora que dos tipos te levantan cien hectáreas por día”. Repasó incluso con detalle el arduo trabajo manual que implicaba la cosecha. “Había uno que manejaba la máquina, otro que enganchaba las bolsas y otro que las cosía. Después venían los que recolectaban las bolsas y hacían los pilotes”, describió.

La llegada del ferrocarril en 1910 fue clave para el desarrollo del pueblo, que nació oficialmente en 1913 con un remate de terrenos en hotel de Tres Arroyos. “Orense y todos los pueblos de la costa, salvo Claromecó, son hijos del tren”, explicó.

José Keergaard, fue hijo del ex intendente de Tres Arroyos Ángel Andrés Keergaard

El ramal ferroviario que recorría en Ramón Santamarina, Energía, Orense, Bellocq y Copetonas estuvo activo hasta 1961, trasladando trabajadores para las cosechas y llevándose la producción agrícola.

Si bien la fecha de nacimiento del pueblo es el 8 de diciembre, por el día en que se hizo un remate de lotes en un hotel de Tres Arroyos, la fecha de celebración se adelantó un mes para que todos los vecinos puedan disfrutar de la celebración, ya que en diciembre la gente que vivía en el campo trabajaba en la cosecha y no podía estar presente.

Una de las anécdotas más coloridas que compartió José es sobre la famosa rifa del Club Atlético Alumni, que se realizó entre 1961 y 1967. “Se vendía en toda la provincia de Buenos Aires. Eran la misma cantidad de números que la lotería provincial”, recordó con orgullo.

“Se rifaban coches semanales, mensuales, y había un sorteo final que ocupaba toda la avenida con filas de autos”. La dictadura también impidió que ese sorteo continuase.

La vida social era intensa en aquellos años en suelo orensano. José recordó la existencia de cuatro hoteles en el pueblo, varios restaurantes y los tradicionales “boliches” donde la gente de campo se reunía a jugar a las cartas. “En el Hotel Colón había billar, tiragoles y todas esas cosas”, mencionó con nostalgia.

Sin embargo la vida de José dio un giro inesperado cuando tenía 18 años. Había comenzado a estudiar Derecho en La Plata pero tuvo que volver a Orense por la enfermedad de su padre. “Me tuve que hacer cargo del campo con mi mamá. Tuve que aprender todo, porque yo sabía algunas cosas pero no el manejo”, confesó. Esa interrupción de sus estudios es algo que aún hoy lamenta.

José destacó que con el paso de los años el pueblo progresó mucho. “Tenemos Banco Nación, Banco Provincia, una unidad sanitaria con geriátrico, colegio secundario… dentro de las localidades de la zona, es una de las mejor equipadas”, afirmó.

No obstante señaló algunas necesidades pendientes, como mejorar la ruta que atraviesa el pueblo, ampliar la red de gas y cloacas, y sobre todo, lograr el tan anhelado acceso asfaltado al balneario. “Tengo eso como clavado en el pecho”, confesó sobre los anhelos que tiene para la localidad.

No obstante lo que más valora José de su pueblo es la solidaridad de sus habitantes. “Hay mucha unión y mucho respeto. Cualquier institución que haga algo, todo el mundo la está apoyando”, destacó. Y enumeró a instituciones y actividades que ofrece Orense, desde los bomberos hasta los clubes deportivos.

Los recuerdos de José Keergaard permiten entender que Orense, si bien ya no vive la efervescencia de otras épocas, sostiene un firme sentimiento comunitario que mira hacia el futuro con esperanza.

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